La desmemoria de la cooperación internacional para el desarrollo

Rafael Maurí (presidente de Perifèries del Món)

En 2019 se cumplen treinta años de la cooperación internacional para el desarrollo de la Generalitat Valenciana sin que nadie haya considerado que merecía la pena conmemorar el aniversario. El hecho puede explicarse por diferentes motivos, pero no justificar este silencio en una Comunitat que ha padecido la peor de las corrupciones en el sector –el caso Blasco- y ha promovido y tolerado un relato oficial según el cual dicha política pública nació de la mano del Presidente Zaplana en 1996. Esta continuada renuncia al pasado, por acción u omisión, ha logrado sepultar en el olvido su periodo fundacional, dificultando además su reconstrucción porque la documentación básica del periodo no se localiza en los archivos de la administración.

Ante esta situación, conviene recordar que con la creación del “Programa Norte-Sur” en 1989, el gobierno socialista del Presidente Lerma hizo suyas las demandas de la ciudadanía, que desde tiempo atrás venía exigiendo una acción de solidaridad internacional más decidida con las luchas por la autodeterminación y la democracia de pueblos como el saharaui, el nicaragüense o el salvadoreño. Ese año se concedieron las primeras subvenciones, se constituyó un consejo de participación social pionero en el estado y se desarrollaron iniciativas de diversa índole, muchas de ellas descentralizadas y unitarias, que, vistas en perspectiva, nada tienen que envidiar a las actuales en coherencia y eficacia. Poco después, en 1992, un reducido número de entidades valencianas vinculadas a los partidos y sindicatos de izquierdas, la iglesia católica, o procedentes en sentido amplio de los denominados comités de solidaridad, constituyeron la Coordinadora Valenciana de ONGD. Por su parte, una serie de municipios decidieron sumar esfuerzos y recursos para mejorar sus intervenciones en este campo a través del Fons Valencià per la Solidaritat, una iniciativa singular inexistente en otros países. Sirva todo ello como ejemplo del dinamismo de una sociedad que quiso y pudo protagonizar, junto a otras, el surgimiento de la cooperación descentralizada española.

Publicado originalmente en El Diario CV